Opinión · 06/09/2017
LA CÁRCEL NO ES LA ESCUELA DE LA CRIMINALIDAD
Padre Nicolás Vial Saavedra, presidente de Fundación Paternitas.
La inclusión es la única posibilidad de lograr la recuperación de un ser humano que ha cometido delitos o que está inserto en el consumo problemático de la droga.

Colaboran:

En los 34 años que llevo trabajando dentro de las cárceles, me he dado cuenta que la seguridad nacional y la inclusión parten por la participación ciudadana. Sería una gran iniciativa que la voz de las personas en las cárceles sea escuchada y que ellos sean parte de los procesos ciudadanos y de cómo se va conformando el país con el aporte de todos.

Inclusión y participación ciudadana son la clave para que podamos entendernos, coordinarnos, apoyarnos y podamos estar en un país seguro, en donde tengamos más encuentro y más diálogo. Dejar fuera a las personas privadas de libertad, como se ha hecho por decenios, es potenciar la inseguridad ciudadana porque, tarde o temprano, ellos saldrán a la calle con todas las heridas de su exclusión y volverán a la violencia, porque se sienten subvaloradas y que no son parte de la ciudadanía ni del país.

La ciudadanía tiene que mirar a la cárcel, así como la cárcel debe mirar a la ciudadanía. Esto  desde la perspectiva de que el excluido nace dentro de una comunidad que de alguna forma y en algún momento decidió serle indiferente.

En la medida que la ciudadanía abra los ojos y se haga responsable de estas personas, y los que están dentro de las cárceles empiecen a sentir que se incorporan a su mundo con una propuesta de acogida, se dará un diálogo donde cada uno se va a conocer mutuamente y se va a respetar. Como dice el antiguo axioma: “El que conoce ama, y el que ama conoce”.

Nosotros lo hemos dicho de mil maneras: la inclusión es la única posibilidad de lograr la recuperación de un ser humano que ha cometido delitos o que está inserto en el consumo problemático de la droga. Cómo escuchar sus anhelos, sus sueños, sus deseos, pero no sólo escuchar, porque con eso no se soluciona nada; cómo ejecutar esas posibilidades concretas en los lugares donde hoy día están las cárceles, que están hacinadas y son verdaderos centros de exterminio humano. Por eso es que la cárcel no es tanto la escuela de la criminalidad, como se dice, sino que es la escuela de la deshumanización.