Entrevista · 02/03/2017
“SE HABLA DE LOS PRESOS COMO SI FUERAN EL ÚLTIMO ESLABÓN”
César Pizarro tiene 34 años, es conserje y creó la ONG "81 Razones" un mes después de la muerte de su hermano Jorge en el incendio de la cárcel de San Miguel. En un comienzo la organización se enfocó en pedir justicia para quienes fallecieron calcinados tras las rejas y con el transcurso del tiempo se dedicaron a interceder en los casos de abusos, ayudar a los internos a postular a beneficios penitenciarios y asesorarlos a ellos y sus familias para que conozcan sus derechos.

¿Cuál ha sido el impacto del trabajo desarrollado por su organización en la población penal?

Los presos se sienten escuchados. Confían en nosotros, en que los vamos a ayudar a solucionar sus problemas. Cada vez que ellos sienten que se les están vulnerando sus derechos, nosotros los visitamos. Eso es súper importante, que sientan que están acompañados, porque cuando fallecieron nuestros familiares no sabíamos qué hacer ni a quién recurrir. El que alguien los apoye permite que se atrevan a denunciar y que nosotros los podamos ayudar.

 

¿A qué dificultades se han enfrentado en el ejercicio de su trabajo como organización?

Si bien nosotros podemos entrar a la cárcel, siempre dependerá de lo que Gendarmería diga. Lo que no hemos podido hacer es crear un órgano supervisor, que surja de la sociedad civil y que se considere de forma oficial, para fiscalizar lo que pasa en la cárcel por dentro y por afuera. La Presidenta pide más transparencia en el trabajo penitenciario, el General de Gendarmería habla de protección de los derechos humanos, el Ministro de Justicia de integrar a la sociedad civil con el Poder Judicial, pero nunca nos han dado la posibilidad de ser observadores penitenciarios y que se nos reconozca como tal para poder ingresar a la cárcel sin tantos obstáculos. De todas formas ya estamos formando el Observatorio, ya somos varias personas a lo largo del país que estamos formando redes para hacer demandas internacionales si es que en Chile no funciona la protección de los derechos de los privados de libertad.

 

¿Considera usted que las personas privadas de libertad preservan su derecho a participar de la vida en sociedad?

A las personas privadas de libertad no se les deja participar, están totalmente invisibilizadas. Normalmente se habla de los presos como si fueran el último eslabón de la cadena y al preso que se defiende, que habla o que estudia, lo tildan de refractario o contestatario, de antisistema, de anarquista; lo consideran como un elemento negativo y lo terminan trasladando lejos de su familia para que no contamine a la población penal, para que no piensen y no se organicen. Debiesen existir más instancias para estudiar, hacer talleres, cursos de canto, de baile. Nadie dice que la cárcel se deba convertir en un centro de entretención, pero que sí se les dé oportunidades reales para mostrar sus talentos y ganar experiencia. Hay varios cursos, pero si los presos están siempre haciendo chaucheras o pegando palitos, no creo que al salir de la cárcel puedan conseguir un trabajo con el que puedan alimentar a su familia.

 

En su región, ¿cuál es la vinculación de la comunidad con los privados de libertad?

Si nosotros nos organizamos logramos convocar a harta gente en torno a los derechos humanos de los presos, pero en el día a día son poquísimas las organizaciones y el compromiso social. Sólo la gente que está viviendo una situación similar con su familia apoya, al que no, no le importa. Debiera existir una mayor concientización del tema, realizar publicidad, afiches. El Gobierno no solo debe preocuparse de hablar sobre la necesidad de construir más cárceles o de haber más policías, también debe enfocarse en el tema social, en la reinserción, en la pobreza que los lleva a delinquir, en por qué existen los presos.