ESPECIAL ORGULLO ANCESTRAL

UN TESORO DE BARRO








“El barro y la tierra tienen un espíritu, por eso es importante tratarla bien y contactarse con ella. Hay que cuidar y enamorar a la tierra, ya que ella es como un hijo que nos mantiene con una misión en esta vida”.

Ella es Elena Bruna Tito Tito. Nació en San Pedro de Atacama hace 65 años y es descendiente del pueblo originario atacameño. Ha trabajado toda su vida como alfarera.






Aprendió todo lo que sabe de su abuela Pascuala a quien acompañaba desde pequeña al desierto a echar agua a la tierra para sacar el barro. Desde los 5 años que Elena empezó a realizar sus primeras figuras. Las más importantes son los jarros patos, que generalmente se utilizan en ceremonias religiosas de la cultura atacameña.




Pero también Elena realiza otras figuras de barro, como fuentes y ollas para cocinar alimentos. Generalmente se demora cerca de 1 a 2 días en realizar cada una de sus piezas, que vende a otros descendientes atacameños y turistas que visitan el sector.




El tipo de barro que utiliza Elena se llama Ulla y su recolección es un proceso largo. Esta mujer recorre más de 10 kilómetros a través del desierto de Atacama para llegar a las vetas de barro. La tarea puede demorar días arriba de un burro, teniendo que dormir a la intemperie con temperaturas bajo 0. Cuando llega a su destino, Elena ocupa un chuzo para extraer los trozos de tierra que guarda en un balde.




Antes de recoger el barro y analizar su textura, Elena realiza una ceremonia para pedir y agradecer a la tierra el uso de este barro. Con cantos ceremoniales, ella bebe el agua que luego introducirá a la tierra para crear el barro. De esta manera se conecta con los guardianes ancestrales que le dan permiso para tomar este elemento de la naturaleza.




Por todo su labor, el 2015 fue premiada como 'Tesoro Humano Vivo' por: “desarrollar la alfarería tradicional atacameña, una práctica que pocas como Elena lo hacen. Ella destaca por su capacidad técnica y estética, a partir de una greda brillante propia de la zona, da forma a piezas utilitarias y de uso ritual”.




“Ser alfarera significa todo para mí. Gracias a la cerámica abrí los ojos de la importancia de esta práctica para nuestro pueblo Lickan Antay. Yo no sabía el valor de mi trabajo hasta que me dieron ese reconocimiento. He enseñado a todos los que quieran aprender el arte de la alfarería. No puede perderse en el tiempo. Se debe continuar con nuestras tradiciones ancestrales”.

Material y fotos de este reportaje fueron sacados de la página web del Ministerio de Cultura y las artes. Para saber más información de Elena Bruna, puedes hacer click aquí  





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