ESPECIAL ORGULLO ANCESTRAL

RENACER EN EL FIN DEL MUNDO




Créditos fotos Leticia Caro



Dos veces a la semana Leticia Caro (43) y su Hijo Eric (23) se preparan para ir al salón de la comunidad Kawésqar “Grupos Familiares Nómades del Mar” en la región de Magallanes. Con una pizarra y unos textos escolares del ministerio de Educación traducidos a su lengua de origen, enseñan a niños, padres, madres y jóvenes el dialecto con el que se comunicaban sus antepasados.

Esta iniciativa lleva apenas dos meses. Partió en enero luego de que esta comunidad Kawésqar llegara a la conclusión de que debían hacer algo para recuperar su lengua, ya que sus hijos y nietos solo estaban aprendiendo español. Solo sus padres y abuelos recuerdan algunas frases en Kawésqar.

Leticia, como la representante de esta asociación, decidió liderar de esta misión sin saber nada de su lengua nativa. Su motivación va relacionada con su padre, Reinaldo Caro, un Kawésqar que nació en los canales y que desde pequeño fue cazador de nutrias y recolector. Aunque su padre tampoco habla fluidamente su lengua, Leticia aprende este idioma por medio de los libros que entrega el Ministerio de Educación. Para ella es importante mantener vivo a su pueblo y la lengua es uno de los elementos centrales para lograr este objetivo.

Eric explica que mientras su madre y él enseñan palabras y gramática, los alumnos les hablan sobre sus experiencias e historias de sus antepasados. La cantidad de estudiantes varía entre 10 a 12 personas de distintos grupos familiares Kawésqar. Padres e hijos, primos y tíos conforman esta particular clase en la que no solo enseña la lengua, sino que también las tradiciones que identifican al pueblo originario.




Como por ejemplo la ceremonia del varamiento de las ballenas, que se recordó en una de estas clases y que estos alumnos y profesores quieren volver a realizar al igual como lo hacían los antiguos Kawésqar. Cada vez que una ballena varaba en las costas chilenas, integrantes de este pueblo originario de todos los rincones se reunían y esperaban que el animal muriera. Luego armaban una gran ruca y se pintaban los cuerpos de negro, blanco y rojo para bailar y cantar alrededor de este cetáceo. Días después comían su carne que alcanzaba para varios meses.

“Con este ritual cada Kawésqar renacía y volvía a tener las fuerzas para seguir con su vida”, comenta Eric quien agrega que como rara vez llega una ballena, pretenden hacer una artificial y así cada cierto tiempo realizar esta ancestral ceremonia.

Pero por mientras Leticia y Eric esperan seguir con sus clases todo el año hasta que todos puedan hablar fluidamente el idioma Kawésqar y se motiven a enseñar esta lengua a sus familiares.
“He escuchado que mucha gente dice que nuestro pueblo está a punto de extinguirse y quizás tienen razón. Pero mientras vivamos haremos todo lo que esté en nuestras manos para mantenernos en esta tierra”, termina de decir Leticia.





Leticia junto a su hijo Eric (los primeros de derecha a izquierda) junto a descendientes Kawésqar.

Leticia en una de sus clases.

Material que utiliza Leticia y su hijo para enseñar esta lengua ancestral.






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