ESPECIAL ORGULLO ANCESTRAL

“La sangre llama y nos dice que debemos volver a nuestra tierra natal”




Chinganes es un pueblo aymara olvidado y desierto en el altiplano chileno. En los últimos 3 años, un grupo de 13 familias decidió volver a repoblar este lugar de la manera en que lo hacían los antiguos indígenas. La ariqueña Carolina Imaña es una de ellas y relata cómo se articularon para la gran mudanza.


Créditos fotos Carolina Imaña




Chinganes es un pequeño pueblo en medio del desierto ubicado a pocos kilómetros de distancia de Parinacota. Apenas tiene una decena de casas de adobe construidas hace siglos por los primeros aymaras que habitaron el altiplano. Durante tres décadas, estuvo casi desierta debido a que las familias que vivían en el sector, como la de la aymara Juana Mollo, tuvieron que emigrar hacia Arica en búsqueda de mejoras laborales. Carolina Imaña es bisnieta de Juana y nació en esta ciudad nortina. Sin embargo, Chinganes siempre ha estado en su historia, es por esto que en el 2016 decidió ser parte de un sueño audaz: repoblar el pueblo de sus ancestros. Junto a sus 52 familiares formaron una nueva comunidad llamada “Asociación Indígena de Etnias Ancestrales de Hijos de Chinganes”. Con esta agrupación, que en mayo de este año cumplirá 2 años, estas familias podrán optar a mejoras en sus viviendas por parte del Estado.

Tu eres muy joven, ¿Qué te motivó a dejar la ciudad de Arica y volver a un pueblo tan alejado como lo es Chinganes?

Mis abuelos se vieron obligados a irse de Chinganes hace unos 40 años porque no había trabajo y al estar en el altiplano, hay días que hace mucho calor y otros incluso nieva. A esto se suma que se secaron varias cuencas de agua, lo que hizo que los animales y plantas fueran disminuyendo. Yo nací en Arica donde la mayoría de mis tíos y primos se fueron a vivir. El pueblo quedó casi despoblado.

Desde pequeña mis padres siempre me fueron inculcando el amor hacia nuestro lugar de origen y sobre todo a ser aymara. Me gusta vivir de una forma más humilde, tranquila y donde pueda cosechar comida sana y disfrutar de paisajes impresionantes. Ahora la sangre llama y nos dice que debemos volver a nuestra tierra natal. Obviamente va a costar acostumbrarse porque es un cambio radical, pero tenemos todo el apoyo familiar para seguir adelante.

¿Cuándo tomaste esta decisión?

La idea venía desde siempre, pero hace unos tres años nos juntamos las 13 familias Huanca Mollo y decidimos restaurar las casas que hay en Chinganes. Algunos se irán a vivir para allá, otros visitarán el pueblo una vez al mes o para vacaciones.

Para poder organizarnos bien, decidimos formar la comunidad “Asociación Indígena de etnias ancestrales de hijos de Chinganes” y así postular a ayudas del Estado y de Conadi.

¿Ayudas como cuáles?

Mejorar las casas, que estaban destruidas producto del tiempo, realizar chacras (lugares donde cosechar alimentos), establos para los animales y ayudar a que tengamos alcantarillado y electricidad estable. Es un pueblo abandonado que hay que volver a levantar.

¿Cómo se van organizando para lograr todo eso?

Generalmente vamos los fines de semana al pueblo a arreglar las casas. Somos más de 50 personas por lo que todo va un poco lento, pero seguro. La idea no es solo construir nuestra casa, sino que también la de los demás familiares. Todo esto es bien colaborativo.

¿Qué es lo que tienen los aymaras que hacen que sea atractivo volver a vivir como ellos? ¿Alguien de su gran familia se negó a participar de todo esto?

Nosotros los aymaras tenemos un sentimiento por la tierra que es difícil de comprender por los demás, es algo innato en nosotros. Yo no he conocido a nadie que diga: ¨odio a mi pueblo¨. Por eso no fue difícil convencer a todos nuestros familiares de volver. Pertenecer a esta etnia es un tesoro que nos regalaron. Queremos revivir la vida y costumbres aymaras y para eso tenemos que mantener la mayoría de las edificaciones, como por ejemplo las casas de adobe. Es difícil de explicar por qué uno prefiere dejar las comodidades de la ciudad e irse a un lugar donde no hay baño con alcantarillado y las condiciones climáticas son extremas. Es hermoso todo, sobre todo su estilo de vida más tranquila y conectada con la tierra, con los animales y con uno mismo.

Despertarse con el sol y dormirse cuando este ya no está, es una de las cosas más atractivas que me hacen querer vivir como aymara. Ahora estamos reviviendo la fiesta de las cruces de mayo, que consiste en vestir las cruces de los cerros que uno considera sagrados.

¿Qué planes tienen los hijos de Chinganes para su pueblo?

En mayo cumplimos 2 años como asociación, lo que nos va a permitir poder postular a ayudas estatales para mejorar nuestras casas y el pueblo en sí. A futuro queremos transformarnos en un foco turístico y vivir de ellos. Queremos compartir con todos los chilenos y extranjeros estos hermosos paisajes y la cultura de nuestro pueblo aymara. Creo que esto es una de las cosas que más nos motiva a quedarnos acá.






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