ESPECIAL ORGULLO ANCESTRAL

Renacer en Ticnamar


En pleno altiplano chileno se encuentra Ticnamar, pequeño pueblo donde habitan menos de 100 personas. Merita Huanca e Israel Quispe son dos ariqueños que por circunstancias azarosas volvieron a vivir y trabajar en este lugar, al que decidieron transformar en un foco turístico e histórico de la cultura aymara.

Crédito fotos Israel Quispe




Cerca de 10 hombres de la comuna de Putre se preparan nuevamente para una nueva jornada laboral. No durmieron en sus casas, ya que los trabajos de construcción de caminos se están realizando a las afueras de Ticnamar, lugar con apenas 80 casas de adobe y maderas que llevan siglos construidas bajos los parámetros habitacionales de pueblos aymaras.

Los hombres se visten y se despiden de una mujer de cerca de 40 años, Merita Huanca, dueña del hostal Suma Manqa Siñani.

Mientras la mujer empieza a hacer el aseo en una de las 7 piezas que conforman su pyme, recuerda cómo llegó a estar en esta labor. Ella es oriunda de Ticnamar, pero debido a la muerte de su padre, tuvo que abandonar el lugar que la vio nacer a pocos meses de haber cumplido un año. Sus hermanos mayores y su madre, vendieron las “chacras” (espacios de tierra que utilizan para plantar alimentos) y animales, para tomar rumbo hacia la ciudad de Arica, donde existían mayores oportunidades laborales. El mismo proceso que vivieron en muchos pueblos nortinos y que provocaron el éxodo masivo en estos lugares donde se vivía como pueblo originario.  

Creciendo solo con el recuerdo de su madre, Merita tenía grandes deseos de conocer su pueblo. Un sueño que se cumplió cuando a sus 18 años fue a ver una celebración de las cruces de mayo, iniciativa milenaria donde se visten a las cruces de los cerros sagrados.

Fue amor a primera vista, se enamoró de su pueblo, y sobre todo de su cosmovisión aymara. Tal fue su fascinación, que decidió ser la presidenta de la comunidad aymara de Ticnamar, a pesar de que vivía en Arica.

A principios de los 2000, Merita recibe una llamada de reclamo. Un representante de una empresa constructora que debía realizar arreglos cerca de la zona le empezó a reprochar a Merita que cómo era posible que no hubiese ningún alojamiento en Ticnamar. La mujer, que en ese tiempo seguía siendo la representante de la comunidad, decidió ofrecerles su casa para que los trabajadores pernoctaran ahí. Es así como esta mujer, sin quererlo, volvió de a poco a vivir en el pueblo que abandonó cuando tenía un año. Estuvo ocho años a cargo de darle alojamiento y comida a estas personas.

La mujer ya estaba acostumbrada a esta forma de vivir y cuando se fueron sus inquilinos, decidió abrir legalmente su hostal.

El arquitecto ariqueño Israel Quispe (30) llegó al hostal de Merita Huanca para dormir mientras trabajaba en el pueblo. Este hombre comenzó a trabajar en 2015 en la Fundación Altiplano, organización que se encarga entre otras cosas de reconstrucción de iglesias en pueblos del norte del país. Uno de los proyectos en el que le tocó trabajar fue restaurar el templo de Ticnamar, lugar donde nacieron sus abuelos.

Israel cuenta que ocasionalmente visitó de pequeño Ticnamar, sobre todo cuando se hacían las fiestas autóctonas, como la de “La Patrona” que se celebra cada 15 de agosto. Cuando Israel volvió como un profesional al pueblo de sus antepasados, ya miraba ese lugar con otros ojos. En vez de mirar solo la alegría y colores de las celebraciones, empezó a fijarse en las casas de adobe y caminos.

“Empecé a notar mucho potencial en el lugar. Ahora por mi trabajo paso unos dos o tres días al mes en Ticnamar, lo que ha hecho que me reencuentre con mis raíces, sobre toda las aymara", comentó el arquitecto.

Desde su profesión, Israel vio en este pueblo nichos de oportunidades para generar atractivos económicos y así revitalizar el lugar. Uno de ellos fueron dos albergues turísticos que construyó con el sistema de “Quinche”, que consiste en casas de adobe y madera que mantiene las tradiciones arquitectónicas de los aymara.

Pero sin lugar a dudas una de las cosas que más llama la atención a Israel es la organización de los vecinos que decidieron constituir un extinto Ayllú, forma de organización aymara basada en la comunidad y solidaridad que desapareció luego de la llegada de los españoles en 1758.

Detrás de la iglesia principal, Merita, Israel y el resto de las cerca de 100 personas que viven en Ticnamar, pretenden tener la primera tierra comunitaria que conformaría su Ayllú. Habas, arvejas y zanahorias es lo que pretenden cultivar en este territorio de 70x100 metros cuadrados. A mediados de abril comenzarán las primeras plantaciones del año, que todos en el pueblo esperan con ansias ya que en el lugar hay una chachacoma, arbusto de 50 cm de altura que representa la buena salud de la tierra.

Además de este arbusto, los habitantes de Ticnamar esperan plantar un Kjoa, otra planta que simboliza la energía con la madre naturaleza y que es esencial para cualquier rito religioso aymara. Crece sobre los 4 mil metros de altura y hay que ir a buscarlo a cerros despoblados.

Otro de los proyectos que tienen los habitantes del pueblo para reencontrarse con sus antepasados aymaras es arreglar el antiguo “calvario”, centro ceremonial que desde el 2014 dejó de usarse por peligro de derrumbe. En este espacio cada uno de los aymaras podía reencontrarse con sus familiares fallecidos con rezos y rituales.

Para lograr todo esto, los descendientes saben que deben tomar el camino del turismo para generar recursos. Merita ha incentivado a sus vecinas a abrir restaurantes con comida típica altiplánica, como la patasca, mientras que otras se preparan para ser guías turísticas especializadas en la cultura aymara de Ticnamar. Bellos paisajes, fiestas andinas, y sobre todo historia aborigen es lo que pueden encontrar los turistas en este pueblo.

Por su parte Israel pretende seguir trabajando para el desarrollo de esta localidad, sobre todo en el turismo indígena y el desarrollo sostenible. Aunque actualmente no tiene planeado irse a vivir definitivamente a Ticnamar, no lo descarta de su vida.

“Uno al final siempre vuelve donde empezó todo”, finaliza Israel.






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