ESPECIAL ORGULLO ANCESTRAL

Francisca de la Maza

“El turismo indígena es totalmente amigable con el medioambiente”




Créditos foto CIIR



La antropóloga Francisca de la Maza se ha dedicado más de 4 años a la investigación de pueblos originarios y el desarrollo del turismo. La investigadora del Centro de Estudios Interculturales e Indígenas (CIIR) explica las diferentes políticas públicas enfocadas en mejorar la calidad de vida de los pueblos originarios y cómo ha repercutido en afianzar la identidad de estas culturas milenarias.


A principios de los 90 con el retorno de la democracia y la promulgación de la Ley Indígena, el Estado generó diversas políticas públicas a favor de los pueblos originarios. Una de ellas fue fomentar el turismo como una alternativa de desarrollo para que pudieran salir de los parámetros de pobreza impuestos por el Gobierno. Sin embargo, este propósito fue cambiando cuando las personas se dieron cuenta de que, además, podían fortalecer sus costumbres y su identidad ancestral dándolas a conocer al resto.

“El turismo ha ayudado a las comunidades a reencontrarse con sus raíces, sus historias y sus lenguas. Ha ayudado a que los pueblos se sientan orgullosos por ascendencia”, dice la también académica de la Universidad Católica, Francisca de la Maza, quien por cuatro años estudió el turismo indígena y el aporte del Estado a esta rama.

De este tema hablará el próximo 10 de mayo en la casa de Base Pública (Lastarria 90), basándose en las principales conclusiones de su investigación “Estado, Pueblos Originarios y Turismo: Un Estudio Comparado de la Etnicidad a Partir de las Políticas, Discursos y Prácticas del Turismo Indígena”.

Según tu investigación, ¿por qué sería importante fomentar de parte del Estado el turismo indígena?

El turismo indígena se define como una actividad turística liderada por comunidades, familias o personas indígenas que ofrecen una experiencia cultural. Se han desarrollado diversos programas que fomentan el desarrollo del turismo indígena, que buscan que las familias mejoren sus condiciones económicas y complementar sus rubros tradicionales. Además es una forma de tener más ingresos de una manera amigable con el medioambiente, ya que se relaciona en muchas ocaciones a una oferta ligada a la cultura y naturaleza.

¿Qué mecanismos ocupa el Estado para fomentar este tipo de turismo en las comunidades indígenas?

Es difícil hablar de turismo indígena como un solo elemento ya que cada pueblo originario tiene su propia cultura, extensión territorial y formas de relacionarse con la identidad chilena. De hecho, en La Araucanía se habla de turismo mapuche y no de turismo indígena.
Al igual que la política indígena, el Estado se ha focalizado fuertemente en la Región de La Araucanía, por su historia, por el conflicto actual y porque es una región con altos índices de pobreza. Acá el turismo desde las políticas públicas tiene diferentes focos dependiendo de la institución que lo promueve.

¿Cuáles serían estas políticas públicas?

Por ejemplo, el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP), ve a este turismo como un complemento a los rubros productivos que ya tienen las comunidades. Para Conadi su foco principal es revitalizar la cultura del pueblo y ha generado acciones que buscan fortalecer los relatos turíticos y la construcción de rucas o casas tradicionales mapuche. Sernatur promueve la experiencia turística indígena, el encuentro entre culturas y la certificación de los emprendimientos.

Pero dependiendo de cada pueblo cambia el objetivo de cada institución pública.

Claro, pero mantienen los mismos parámetros anteriores, adecuándose a la realidad de cada territorio. Las tres instituciones trabajan para mejorar la calidad de oferta turística de los pueblos originarios.

¿Qué es lo más difícil para los pueblos originarios al momento de emprender en el turismo?

Generalmente los indígenas se integran cuando los programas turísticos ya están instalados, como por ejemplo en San Pedro de Atacama, los atacameños empezaron cuando el boom de turistas ya estaba en la cima, por lo que tienen que competir con los otros cientos de empresas que hay.

También deben existir estándares mínimos para que Sernatur certifique y promueva estos emprendimientos, por ejemplo si se ofrece un servicio de gastronomía, requiere la resolución sanitaria que exige alcantarillado, agua potable y baños con pisos lavables. Muchas de las comunidades indígenas no tienen estas condiciones. A veces se lleva agua desde camiones aljibes, lo cual es mal visto por los turistas porque ellos van a los lugares pensando que pueden tomar este líquido desde la naturaleza, en lugares prístinos, pero se encuentran con la realidad de escasez de agua en el sector.

Para que Sernatur certifique y promueva algunos de estos sitios turísticos, la resolución sanitaria exige alcantarillado, agua potable y baños con pisos lavables. Muchas de las comunidades indígenas no tienen estas condiciones

DESDE EL ORIGEN

¿Qué ganan las comunidades al dedicarse al turismo? (además de dinero)

El turismo ha ayudado a las comunidades a reencontrarse con sus raíces, sus historias y sus lenguas. Ha ayudado a que los pueblos se sientan orgullosos por ascendencia e incluso algunos de los más jóvenes han decidido dedicarse al turismo como una forma de vida. Además el turismo permite un encuentro intercultural, donde por ejemplo, los turistas chilenos se saquen los prejuicios y estereotipos que hay en torno a los mapuches (por ejemplo, que son terroristas) y valoran más a cada uno de estos pueblos originarios.

En La Araucanía, comenzó desde el 2007 un trabajo con instituciones públicas y, emprendedores y organizaciones mapuche para comprender qué estaba pasando con el turismo y este pueblo. En algunos casos hubo resistencia, ya que, las personas sentían que estaban siendo obligados a vender su cultura. Pero luego cada uno decidió qué quería mostrar y que no.

¿Cómo se podría expandir este tipo de turismo para que ya no sea más un nicho?

Si se expande, estamos actuando contra la esencia del turismo indígena. De por sí este es un turismo de nicho, no masivo. Los turistas no quieren llegar a una ruca y que haya 100 personas ahí dentro. Quieren conversar con las familias indígenas, vivir la vida cotidiana que caracterizaba a los pueblos indígenas, no quieren encontrarse con una playa llena de gente.

¿Qué experiencias ha conocido que cree que son un buen ejemplo para conocer y divulgar en relación con el turismo indígena?

En el norte, las caravanas ancestrales y la red Lickan Antay (ver reportaje ACÁ). Ellos ofrecen experiencias únicas sobre la forma de vida atacameña. Incluso puedes aprender y disfrutar de los animales de la zona, como las llamas o alpacas.

En La Araucanía, una experiencia muy conocida es la de Llaguepulli, en general, toda la zona del lago Budi, donde los turistas pueden disfrutar de charlas sobre temas específicos de la cultura, gastronomía mapuche, dormir en una ruca, etc.

¿Qué desafíos vienen por delante tanto para el Estado como para las comunidades?

El desafío es continuar con la línea de mesas de trabajo interinstitucionales, con participación activa de las organizaciones de turismo indígena, donde se definana las acciones y aborden las problemáticas que enfrentan los emprendedores. Eso sí toda política debe adecuarse a la realidad del país, ya que en estos últimos años he visto que hay una sobreexpectativa de los pueblos con respecto al turismo y no todos pueden hacer esta práctica. Es necesario mejorar la oferta y lo que distingue este tipo de turismo de otros.

Si se expande, estamos actuando contra la esencia del turismo indígena. De por sí este es un turismo de nicho. Los turistas no quieren llegar a una ruca y que haya 100 personas ahí dentro.


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